Muchas horas de trabajo, poca productividad

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Observatorio Social y Económico

Un enfoque desde el Mercado de Trabajo

Muchas horas de trabajo, poca productividad

En España se siguen trabajando más horas que en Europa con una media por trabajador y  año de 1.965,8 horas, lo que supone 31 horas más al año que el promedio europeo situado en 1.934,5 horas. Desde que comenzara la crisis en 2008, el tiempo dedicado por los españoles al trabajo ha experimentado un descenso continuado. Esto se debe principalmente a que los ocupados a tiempo completo caen un 14,5%, mientras los que los ocupados a tiempo parcial aumentan un 17,02%. En términos absolutos, en 2016 hay 2.644.300 trabajadores  a tiempo completo menos que en 2007 y 405.950 más a tiempo parcial.

Sin embargo y pese a esta bajada, España dista mucho de países como Holanda donde se trabajan 386 horas menos que en España, en Dinamarca 250 menos,  en Alemania 136, en  Irlanda 94, en Suecia 68, en Austria 63, en Reino Unido 57 o en Finlandia 52 horas menos.


Al analizar la productividad laboral, cuyo cálculo es el resultado de dividir el PIB entre el total de horas trabajadas por la fuerza laboral del país, o en otras palabras, los euros que aporta un trabajador por hora al Producto Interior Bruto, nos encontramos que son precisamente estos países donde se trabaja menos tiempo, los que arrojan los niveles de productividad más elevados.

Tal es el caso de Irlanda, en donde cada empleado aporta 73 euros por hora al PIB. En Dinamarca 57€, en Holanda 53€ o en Suecia 50€, mientras que en España la cifra muy por debajo, se establece en los 31€. La media europea ronda los 34€. Lidera el ranking Luxemburgo que se distancia significativamente del resto con 104€.

En el ámbito regional español, la situación es similar, siendo las comunidades autónomas que menos horas trabajan al año las más productivas. Se demuestra claramente en el caso del País Vasco, que es la región donde se dedica menos tiempo al trabajo de todo el país, en concreto 1.898 horas, liderando por el contrario en productividad, contribuyendo 40€ de media cada trabajador por hora al PIB autonómico.


En el otro lado de la balanza, Castilla La Mancha, con 2007,5 horas anuales, ocupa el segundo puesto junto con el Principado de Asturias con el mayor tiempo invertido en el puesto de trabajo, pero presenta la productividad laboral más baja del país con 25,2€.

Nos encontramos con regiones que no siguen esta tendencia, sino que trabajan menos horas que la media nacional, pero además sus niveles de productividad también son bajos, como es el caso de Extremadura, Andalucía y Canarias, áreas muy castigadas por el alto nivel de desempleo.

La cultura del presentismo en las empresas, la enorme falta de políticas de conciliación con la vida familiar, personal y laboral, así como la rigidez de los horarios, no está generando ningún  beneficio económico a las empresas ni al país en su conjunto. Los países más productivos de nuestro entorno, son los que aplican políticas de teletrabajo, horarios flexibles, trabajo por objetivos o resultados y no por número de horas en la oficina. Sin embargo, en España seguimos anclados en este aspecto, sin fijarnos y menos aplicar, lo que a nuestros vecinos les funciona. No tiene sentido seguir manteniendo este modelo con las herramientas tecnológicas que existen en la actualidad.

Otra consecuencia grave de este arcaico modelo son los costes sociales. Fenómenos como los “niños llave”, la falta de control parental, la carencia emocional de padres que trabajan interminables horas,  el constante incremento en el número de familias monoparentales con serias dificultades para sobrellevar la vida laboral y el cuidado de los hijos, están propiciando una sociedad desestructurada, con pocos cimientos que puedan sostener el presente y futuro del país.


No se entiende, que ni desde un punto de vista económico, ni de un punto de vista social, no se establezcan medidas y políticas para paliar y mejorar esta precaria situación. ¿A qué se está esperando?

El Banco Central Europeo llamó la atención a España por la baja productividad laboral el pasado diciembre de 2017, la cual achaca a la baja cualificación, la poca inversión en investigación y desarrollo (I+D) y a un entorno empresarial desfavorable con altas cargas administrativas.  Dada la importante suma que recibe España de Europa a través de los fondos estructurales, tampoco resulta comprensible que desde las instituciones europeas no ejerzan un control estricto sobre la eficacia del dinero que dan a los países miembros, así como la exigencia y no sugerencia de implantar políticas correctoras especialmente en el terreno del empleo, por sus consecuencias en la economía y en la sociedad.


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